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martes, 10 de abril de 2012

Un Gobierno desconcertado

Un Gobierno desconcertado

El presidente francés, Nicolas Sarkozy, se ha pasado la Semana Santa sacudiendo a España por todos lados. En plena campaña electoral, ha encontrado el mejor ejemplo de la gestión socialista para asustar a sus compatriotas ante la posibilidad de que llegue al poder su rival Francois Hollande.

En su disputa de los votos, a Sarkozy no le importa ya si coloca a España a los pies de los caballos de los especuladores; agrava la crisis de la deuda en la Unión Europea, ni recuerda que, recientemente, el Rey don Juan Carlos le ha premiado con el Toisón de Oro, la máxima condecoración nacional, por su contribución en la lucha contra ETA.

Con ser muy inoportunas las declaraciones de Sarkozy con España, lo más grave es que no haya salido nadie del Gobierno a pedirle que nos deje al margen de la contienda electoral en su país.
Para colmo, la presidenta de la Comisión de Economía del Congreso, Elvira Rodríguez, del PP, no ha hecho otra cosa que dar la razón al mandatario galo.
“Sarkozy ha hecho un buen análisis de las políticas socialistas de los últimos años [en España], pero se podía haber ahorrado compararnos con Grecia”, ha dicho Rodríguez.
No se da cuenta de que, en ocasiones como esta, el interés del partido hay que dejarlo de lado para defender el interés nacional.

Incluso, con frecuencia tenemos que leer en los medios de fuera las reformas que el Gobierno piensa hacer aquí, como acaba de ocurrir con el ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, con sus declaraciones al diario alemán Frankfurter Allgemeine.

Está muy bien tener presencia en los medios internacionales para explicar la situación de la economía española, pero lo lógico es que el respeto a la opinión pública nacional obligue a anunciar las novedades y las reformas dentro del país.
De Guindos menciona en el diario alemán nuevas reformas en Educación y Sanidad, pero no explica de qué se trata. Máxime cuando son dos competencias casi exclusivas de las comunidades autónomas.

El Ejecutivo se contradice cuando defiende la Sanidad pública y gratuita, pero, a la vez sostiene que el actual modelo es inviable.
En la senda reformista que ha emprendido no pasa nada si explica a los ciudadanos su intención de fomentar la colaboración con el sector privado, como publica hoy este diario.
Es loable su objetivo de que todos los españoles tengan las mismas prestaciones básicas, cualquiera que sea la comunidad autónoma de residencia.

Tampoco es un disparate hablar de que, en función de la renta, los medicamentos o las consultas dejen de ser gratis para amplios colectivos de la sociedad. La gente tiene que darse cuenta de que para evitar los abusos y el perjuicio de todos,
es necesario que, en función de los ingresos, los ciudadanos empiecen a aportar una pequeña parte del producto o del servicio.
El mismo Gobierno que sale en tromba anunciando el apocalipsis si no hace una amnistía fiscal, sube los impuestos o recorta derechos sociales y abarata el despido, debe hacer una labor pedagógica de las medidas.

En lugar de todo eso, el consejero de Sanidad de Castilla-La Mancha, José Ignacio Echániz, salió ayer a intentar apagar el fuego creado por el ministro de Economía pidiendo “tranquilidad” a los ciudadanos.

Tan llamativo como que el Ejecutivo calle ante la voluntad del multimillonario estadounidense Sheldon Adelson de exigir una cesión en toda regla de la soberanía nacional a cambio de levantar un monstruo urbanístico del juego en Madrid o en Barcelona.
No sabemos qué piensa el Gobierno de las reclamaciones de Adelson en la política de medio ambiente, el Estatuto de los Trabajadores, la Ley de Extranjería o el Impuesto de Sociedades.

¿De verdad cree el presidente Rajoy que la vuelta al ladrillo, que es uno de los elementos de la actual depresión, es la mejor opción para crear empleo en España?
¿No han advertido los inspectores fiscales del peligro de crear un potente foco de atracción para el blanqueo de dinero?
Da la sensación de que el Ejecutivo ha recibido un fuerte impacto con el ataque de los especuladores a España, porque no esperaba la desconfianza que ha sufrido en la última semana tras presentar los presupuestos más duros de la democracia y ahora no sabe qué hacer.